Friday, October 27, 2006

UNAS ÁGUILAS EN CHAPULTEPEC.

Tan sólo alcanzamos a juntar 250 pesos entre los tres: Salvador, José y yo. ¿Que podíamos hacer con ese dinero un sábado que pintaba para ser muy aburrido? Tal parece que los tres pensamos lo mismo: ¡vamos a ver si nos venden unos aceites!, así fue como comenzó una de las aventuras más POCAMADRE con LSD que he tenido.
Salimos aproximadamente de nuestros hogares a eso de las 10 de la mañana, pero era tal nuestra desconfianza en conseguir los preciados aceites que partimos como si fuésemos a comparar tortillas para el desayuno, es decir, solamente con el dinero. Esto se debía a dos razones: el dealer no nos conocía y nuestro único conecte se encontraba volando hacia al vecino país del norte para vivir algunas experiencias como migrante. Una vez que llegamos al lugar indicado, mandamos a la misión a nuestro más aguerrido militante: Salvador, quien sin protestar enfilo hacia el puesto de comic´s del bazar perinorte en CD. Satélite en busca del “buenodelosajos”, mientras que José y yo nos quedamos viendo actuar a nuestro ducho amigo. La espera no fue larga, lo cual en un primer instante nos hizo pensar que la misión había fracaso, sin embargo la gran sonrisa de Sal nos indicaba lo contrario.
- ¡ya esta, no hubo ningún pedo!, sólo dije que era amigo de Mac´lon y he aquí tres lindas águilas. Dijo Salvador mostrando un tarjetita de béisbol con tres pequeños cuadrados adornados con una aguilita negra en el centro.
Para las 11 de la mañana de aquel sábado, tres jóvenes de 16 y 17 años teníamos en nuestro poder tres poderosas águilas y también una gran incertidumbre, pues ahora no sabíamos a donde ir para metérnoslos y tener un buen trip. La primera opción fue regresar a nuestros terrenos y subir al cerro para estar en contacto con la naturaleza. A la luz de los años (12 años ya de esta experiencia) esta parece ser una muy buena idea. Pero NOOOOOOOOO, ni madres, tenía que surgir otra idea, la cual a la luz del tiempo resulto ser la peor.
- mejor vamos al zoológico de Chapultepec ¡a ver A LOS ANIMALES!, fueron las palabras dichas por el más pendejo de los tres: YOOOOOOO.
Yo era el más morro de los tres y el de menos experiencia con los aceites, pues sólo me había metido puras mitades y de puro aceite bien hechizo. Acepto que mi idea fue la más pendeja, sin embargo, y para mi sorpresa (aún hasta la fecha), fue bien recibida por José y Salvador. Total ya estamos a la mitad del camino del zoológico.
Así, una vez arriba del microbús que nos llevaría al metro Toreo comenzó la repartición de las águilas. Salvador puso sobre la palma de la mano derecha de José su respectivo papelito. Él lo observo detenidamente por unos instantes, para después llevárselo a la boca y posteriormente bajo la lengua. Lo mismo hice yo, solamente que más deprisa. Por último, Salvador antes de repetir nuestro actuar dijo: OJALA Y ESTAS AGULAS SI NOS PONGAN A VOLAR. Cuarenta y cinco minutos después y a punto de ingresar al metro ya los tres sentíamos los primero efectos de las águilas: las manos sudadas, una pequeña euforia, y nuestra dilatadísima pupila.
Una tremenda alegría nos brotaba por los poros de todo nuestro ser. Por ejemplo, la leyenda de los boletos del metro de “vale un viaje” nos causaba gran hilaridad. Poco a poco el prendidon fue a más, comenzamos a clavarnos en los anuncios que hay dentro de los vagones. Recuerdo sobre todo uno de nescafé, donde estaba una tacita blanca con café humeante en un fondo rojo y café. Fue tanta mi atención que puse en aquel anuncio que claramente observaba que la esa mona tacita de salía del anuncio para acercarse a mi. Era tal mi asombro, pues ningún aceite me había provocado tal efecto por hechizos, que se lo grite a José y a todos los pasajeros del metro. Pero José en lugar de tranquilizarme, NOOOOO el muy maje se clavo en mi viaje y dijo “si es cierto no mames” y ya para rematar, Salvador incluso quería agarrar la tacita de café humeante. NOS CAGABAMOS DE LA RISA, hasta que sentimos que los pasajeros de nuestro alrededor comenzaban a formar una circulo en torno a nosotros. Nos miraban con cierto dejo de MIEDO Y DESCONFIANZA. Esas malditas miradas fueron las causantes del primer malviaje, poco a poco nuestras risas se fueron transformando en silencio mientras que nuestros ojos ávidos de alucines visuales se limitaron a ver el oscuro túnel del metro.
Cuando por fin llegamos a nuestro destino, salimos corriendo del metro, si bien cierto que cuando entramos nos inundaba la alegría, cuando salimos éramos presas de un miedo hacia toda esa cantidad de gente. Caminamos lo más aprisa posible sin mirar a las personas. Sólo queríamos salir de ahí a como diera lugar. Cuando por fin lo logramos paramos a respirar y tratar de clamarnos un poco, pues para ese entonces el prendidon esta en su punto. Una vez repuestos del viaje en metro enfilamos hacia nuestro destino el ZOOLÓGICO. Nuestros ojos se detenían en los rehiletes, los globos, en los niños con su rostro pintado de mariposas, en un sin fin de madres coloridas. Nuevamente la alegría nos invadía y caminamos sin pedo alguno, hasta cuando dos hombres vestidos de pantalón azul marino, camisa blanca y gorrita policial nos cerraron el paso a unos metros de la entrada del zoológico. Nuestra respuesta fue tan espontánea como la llegada de estos seres uniformados. LEVATAMOS LAS MANOS SOBRE NUESTRAS CABEZASY SEPRAMOS LAS PEIRNAS, nos creímos torcidos por la tira, ya imaginaba yo al MP diciéndole a mis padres “detuvimos a su hijo en Chapultepec HASTA MADRE DE LSD. Pero por suerte no fue así, tan sólo eran dos amables miembros de la seguridad del zoológico que pedían nuestras entradas.
Ya dentro del más jodido zoológico que he visto en vida (era 1994) comenzó el pero de los malviajes. Si bien veníamos huyendo de la gente del metro, dentro del zoológico había el doble y un tantito más. PUTERO DE GENTE, PUTERO DE NIÑOS castrosos, un calor insoportable, y para colmo de males NINGUN PUTO ANIMAL ESTABA A LA VISTA. Aunque para ese entonces, eso ya era lo de menos. Pues mi atención se centro en la fotos de los supuestos animales que ahí habitaban, yo los veía con más vida en las fotos que ahí tirados hambrientos y bien madreados. INCLUSIVE LLEGUE A VER COMO SE MOVIA EL OSO PANDA DISEQUEADO QUE TENIAN EN EXPOSICIÓN.
Sin embargo poco a poco los niños, con su inocente rostro pintado de mariposita, leoncito, de oso panda y de muy malos intentos de foquita, y su alocado intento de imitar sonidos de animales salvajes, generaron dentro de nosotros un terror intenso (o lo mejor era asco aún no lo se bien) pues no había poder que los hiciese callarse y desparecer, se convirtieron en nuestros cazadores. A cualquier lado que volteábamos ahí estaban. Sus grandes SONRISAS, SUS OJOS DESORBITADOS y sus bocas babeantes nos obligaron a salir huyendo del zoo. El águila en mi ser me pedía salir de ahí, y hacia allá nos dirigíamos no sin antes despedirnos del hipopótamo, el cual con un bostezo descomunal nos dejo ver su enorme hocico rosa, esa imagen fue lo único bueno del maldito zoo. Pues como bien dije arriba, no pude ver ningún animal más. A luz de los años pienso que tal vez los animales no salían por el miedo de ver tanta gente mierdera tratando de imitar sus sonidos. O porque a lo mejor también tenían una águila a dentro y no querían sufrir un MALVIAJE COMO EL NUESTRO.
MORALEJA: nunca visites el zoológico Chapultepec hasta la madre de LSD y mucho menos en sábadooooo.

PD. Y falta el regreso a casa, pero ése, es otro VIAJEEEEEEE.

Wednesday, October 25, 2006

UNAS ÁGUILAS EN CHAPULTEPEC.

Tan sólo alcanzamos a juntar 250 pesos entre los tres: Salvador, José y yo. ¿Que podíamos hacer con ese dinero un sábado que pintaba para ser muy aburrido? Tal parece que los tres pensamos lo mismo: ¡vamos a ver si nos venden unos aceites!, así fue como comenzó una de las aventuras más POCAMADRE con LSD que he tenido.
Salimos aproximadamente de nuestros hogares a eso de las 10 de la mañana, pero era tal nuestra desconfianza en conseguir los preciados aceites que partimos como si fuésemos a comparar tortillas para el desayuno, es decir, solamente con el dinero. Esto se debía a dos razones: el dealer no nos conocía y nuestro único conecte se encontraba volando hacia al vecino país del norte para vivir algunas experiencias como migrante. Una vez que llegamos al lugar indicado, mandamos a la misión a nuestro más aguerrido militante: Salvador, quien sin protestar enfilo hacia el puesto de comic´s del bazar perinorte en CD. Satélite en busca del “buenodelosajos”, mientras que José y yo nos quedamos viendo actuar a nuestro ducho amigo. La espera no fue larga, lo cual en un primer instante nos hizo pensar que la misión había fracaso, sin embargo la gran sonrisa de Sal nos indicaba lo contrario.
- ¡ya esta, no hubo ningún pedo!, sólo dije que era amigo de Mac´lon y he aquí tres lindas águilas. Dijo Salvador mostrando un tarjetita de béisbol con tres pequeños cuadrados adornados con una aguilita negra en el centro.
Para las 11 de la mañana de aquel sábado, tres jóvenes de 16 y 17 años teníamos en nuestro poder tres poderosas águilas y también una gran incertidumbre, pues ahora no sabíamos a donde ir para metérnoslos y tener un buen trip. La primera opción fue regresar a nuestros terrenos y subir al cerro para estar en contacto con la naturaleza. A la luz de los años (12 años ya de esta experiencia) esta parece ser una muy buena idea. Pero NOOOOOOOOO, ni madres, tenía que surgir otra idea, la cual a la luz del tiempo resulto ser la peor.
- mejor vamos al zoológico de Chapultepec ¡a ver A LOS ANIMALES!, fueron las palabras dichas por el más pendejo de los tres: YOOOOOOO.
Yo era el más morro de los tres y el de menos experiencia con los aceites, pues sólo me había metido puras mitades y de puro aceite bien hechizo. Acepto que mi idea fue la más pendeja, sin embargo, y para mi sorpresa (aún hasta la fecha), fue bien recibida por José y Salvador. Total ya estamos a la mitad del camino del zoológico.
Así, una vez arriba del microbús que nos llevaría al metro Toreo comenzó la repartición de las águilas. Salvador puso sobre la palma de la mano derecha de José su respectivo papelito. Él lo observo detenidamente por unos instantes, para después llevárselo a la boca y posteriormente bajo la lengua. Lo mismo hice yo, solamente que más deprisa. Por último, Salvador antes de repetir nuestro actuar dijo: OJALA Y ESTAS AGULAS SI NOS PONGAN A VOLAR. Cuarenta y cinco minutos después y a punto de ingresar al metro ya los tres sentíamos los primero efectos de las águilas: las manos sudadas, una pequeña euforia, y nuestra dilatadísima pupila.
Una tremenda alegría nos brotaba por los poros de todo nuestro ser. Por ejemplo, la leyenda de los boletos del metro de “vale un viaje” nos causaba gran hilaridad. Poco a poco el prendidon fue a más, comenzamos a clavarnos en los anuncios que hay dentro de los vagones. Recuerdo sobre todo uno de nescafé, donde estaba una tacita blanca con café humeante en un fondo rojo y café. Fue tanta mi atención que puse en aquel anuncio que claramente observaba que la esa mona tacita de salía del anuncio para acercarse a mi. Era tal mi asombro, pues ningún aceite me había provocado tal efecto por hechizos, que se lo grite a José y a todos los pasajeros del metro. Pero José en lugar de tranquilizarme, NOOOOO el muy maje se clavo en mi viaje y dijo “si es cierto no mames” y ya para rematar, Salvador incluso quería agarrar la tacita de café humeante. NOS CAGABAMOS DE LA RISA, hasta que sentimos que los pasajeros de nuestro alrededor comenzaban a formar una circulo en torno a nosotros. Nos miraban con cierto dejo de MIEDO Y DESCONFIANZA. Esas malditas miradas fueron las causantes del primer malviaje, poco a poco nuestras risas se fueron transformando en silencio mientras que nuestros ojos ávidos de alucines visuales se limitaron a ver el oscuro túnel del metro.
Cuando por fin llegamos a nuestro destino, salimos corriendo del metro, si bien cierto que cuando entramos nos inundaba la alegría, cuando salimos éramos presas de un miedo hacia toda esa cantidad de gente. Caminamos lo más aprisa posible sin mirar a las personas. Sólo queríamos salir de ahí a como diera lugar. Cuando por fin lo logramos paramos a respirar y tratar de clamarnos un poco, pues para ese entonces el prendidon esta en su punto. Una vez repuestos del viaje en metro enfilamos hacia nuestro destino el ZOOLÓGICO. Nuestros ojos se detenían en los rehiletes, los globos, en los niños con su rostro pintado de mariposas, en un sin fin de madres coloridas. Nuevamente la alegría nos invadía y caminamos sin pedo alguno, hasta cuando dos hombres vestidos de pantalón azul marino, camisa blanca y gorrita policial nos cerraron el paso a unos metros de la entrada del zoológico. Nuestra respuesta fue tan espontánea como la llegada de estos seres uniformados. LEVATAMOS LAS MANOS SOBRE NUESTRAS CABEZASY SEPRAMOS LAS PEIRNAS, nos creímos torcidos por la tira, ya imaginaba yo al MP diciéndole a mis padres “detuvimos a su hijo en Chapultepec HASTA MADRE DE LSD. Pero por suerte no fue así, tan sólo eran dos amables miembros de la seguridad del zoológico que pedían nuestras entradas.
Ya dentro del más jodido zoológico que he visto en vida (era 1994) comenzó el pero de los malviajes. Si bien veníamos huyendo de la gente del metro, dentro del zoológico había el doble y un tantito más. PUTERO DE GENTE, PUTERO DE NIÑOS castrosos, un calor insoportable, y para colmo de males NINGUN PUTO ANIMAL ESTABA A LA VISTA. Aunque para ese entonces, eso ya era lo de menos. Pues mi atención se centro en la fotos de los supuestos animales que ahí habitaban, yo los veía con más vida en las fotos que ahí tirados hambrientos y bien madreados. INCLUSIVE LLEGUE A VER COMO SE MOVIA EL OSO PANDA DISEQUEADO QUE TENIAN EN EXPOSICIÓN.
Sin embargo poco a poco los niños, con su inocente rostro pintado de mariposita, leoncito, de oso panda y de muy malos intentos de foquita, y su alocado intento de imitar sonidos de animales salvajes, generaron dentro de nosotros un terror intenso (o lo mejor era asco aún no lo se bien) pues no había poder que los hiciese callarse y desparecer, se convirtieron en nuestros cazadores. A cualquier lado que volteábamos ahí estaban. Sus grandes SONRISAS, SUS OJOS DESORBITADOS y sus bocas babeantes nos obligaron a salir huyendo del zoo. El águila en mi ser me pedía salir de ahí, y hacia allá nos dirigíamos no sin antes despedirnos del hipopótamo, el cual con un bostezo descomunal nos dejo ver su enorme hocico rosa, esa imagen fue lo único bueno del maldito zoo. Pues como bien dije arriba, no pude ver ningún animal más. A luz de los años pienso que tal vez los animales no salían por el miedo de ver tanta gente mierdera tratando de imitar sus sonidos. O porque a lo mejor también tenían una águila a dentro y no querían sufrir un MALVIAJE COMO EL NUESTRO.
MORALEJA: nunca visites el zoológico Chapultepec hasta la madre de LSD y mucho menos en sábadooooo.

PD. Y falta el regreso a casa, pero ése, es otro VIAJEEEEEEE.

UNAS ÁGUILAS EN CHAPULTEPEC.

Tan sólo alcanzamos a juntar 250 pesos entre los tres: Salvador, José y yo. ¿Que podíamos hacer con ese dinero un sábado que pintaba para ser muy aburrido? Tal parece que los tres pensamos lo mismo: ¡vamos a ver si nos venden unos aceites!, así fue como comenzó una de las aventuras más POCAMADRE con LSD que he tenido.
Salimos aproximadamente de nuestros hogares a eso de las 10 de la mañana, pero era tal nuestra desconfianza en conseguir los preciados aceites que partimos como si fuésemos a comparar tortillas para el desayuno, es decir, solamente con el dinero. Esto se debía a dos razones: el dealer no nos conocía y nuestro único conecte se encontraba volando hacia al vecino país del norte para vivir algunas experiencias como migrante. Una vez que llegamos al lugar indicado, mandamos a la misión a nuestro más aguerrido militante: Salvador, quien sin protestar enfilo hacia el puesto de comic´s del bazar perinorte en CD. Satélite en busca del “buenodelosajos”, mientras que José y yo nos quedamos viendo actuar a nuestro ducho amigo. La espera no fue larga, lo cual en un primer instante nos hizo pensar que la misión había fracaso, sin embargo la gran sonrisa de Sal nos indicaba lo contrario.
- ¡ya esta, no hubo ningún pedo!, sólo dije que era amigo de Mac´lon y he aquí tres lindas águilas. Dijo Salvador mostrando un tarjetita de béisbol con tres pequeños cuadrados adornados con una aguilita negra en el centro.
Para las 11 de la mañana de aquel sábado, tres jóvenes de 16 y 17 años teníamos en nuestro poder tres poderosas águilas y también una gran incertidumbre, pues ahora no sabíamos a donde ir para metérnoslos y tener un buen trip. La primera opción fue regresar a nuestros terrenos y subir al cerro para estar en contacto con la naturaleza. A la luz de los años (12 años ya de esta experiencia) esta parece ser una muy buena idea. Pero NOOOOOOOOO, ni madres, tenía que surgir otra idea, la cual a la luz del tiempo resulto ser la peor.
- mejor vamos al zoológico de Chapultepec ¡a ver A LOS ANIMALES!, fueron las palabras dichas por el más pendejo de los tres: YOOOOOOO.
Yo era el más morro de los tres y el de menos experiencia con los aceites, pues sólo me había metido puras mitades y de puro aceite bien hechizo. Acepto que mi idea fue la más pendeja, sin embargo, y para mi sorpresa (aún hasta la fecha), fue bien recibida por José y Salvador. Total ya estamos a la mitad del camino del zoológico.
Así, una vez arriba del microbús que nos llevaría al metro Toreo comenzó la repartición de las águilas. Salvador puso sobre la palma de la mano derecha de José su respectivo papelito. Él lo observo detenidamente por unos instantes, para después llevárselo a la boca y posteriormente bajo la lengua. Lo mismo hice yo, solamente que más deprisa. Por último, Salvador antes de repetir nuestro actuar dijo: OJALA Y ESTAS AGULAS SI NOS PONGAN A VOLAR. Cuarenta y cinco minutos después y a punto de ingresar al metro ya los tres sentíamos los primero efectos de las águilas: las manos sudadas, una pequeña euforia, y nuestra dilatadísima pupila.
Una tremenda alegría nos brotaba por los poros de todo nuestro ser. Por ejemplo, la leyenda de los boletos del metro de “vale un viaje” nos causaba gran hilaridad. Poco a poco el prendidon fue a más, comenzamos a clavarnos en los anuncios que hay dentro de los vagones. Recuerdo sobre todo uno de nescafé, donde estaba una tacita blanca con café humeante en un fondo rojo y café. Fue tanta mi atención que puse en aquel anuncio que claramente observaba que la esa mona tacita de salía del anuncio para acercarse a mi. Era tal mi asombro, pues ningún aceite me había provocado tal efecto por hechizos, que se lo grite a José y a todos los pasajeros del metro. Pero José en lugar de tranquilizarme, NOOOOO el muy maje se clavo en mi viaje y dijo “si es cierto no mames” y ya para rematar, Salvador incluso quería agarrar la tacita de café humeante. NOS CAGABAMOS DE LA RISA, hasta que sentimos que los pasajeros de nuestro alrededor comenzaban a formar una circulo en torno a nosotros. Nos miraban con cierto dejo de MIEDO Y DESCONFIANZA. Esas malditas miradas fueron las causantes del primer malviaje, poco a poco nuestras risas se fueron transformando en silencio mientras que nuestros ojos ávidos de alucines visuales se limitaron a ver el oscuro túnel del metro.
Cuando por fin llegamos a nuestro destino, salimos corriendo del metro, si bien cierto que cuando entramos nos inundaba la alegría, cuando salimos éramos presas de un miedo hacia toda esa cantidad de gente. Caminamos lo más aprisa posible sin mirar a las personas. Sólo queríamos salir de ahí a como diera lugar. Cuando por fin lo logramos paramos a respirar y tratar de clamarnos un poco, pues para ese entonces el prendidon esta en su punto. Una vez repuestos del viaje en metro enfilamos hacia nuestro destino el ZOOLÓGICO. Nuestros ojos se detenían en los rehiletes, los globos, en los niños con su rostro pintado de mariposas, en un sin fin de madres coloridas. Nuevamente la alegría nos invadía y caminamos sin pedo alguno, hasta cuando dos hombres vestidos de pantalón azul marino, camisa blanca y gorrita policial nos cerraron el paso a unos metros de la entrada del zoológico. Nuestra respuesta fue tan espontánea como la llegada de estos seres uniformados. LEVATAMOS LAS MANOS SOBRE NUESTRAS CABEZASY SEPRAMOS LAS PEIRNAS, nos creímos torcidos por la tira, ya imaginaba yo al MP diciéndole a mis padres “detuvimos a su hijo en Chapultepec HASTA MADRE DE LSD. Pero por suerte no fue así, tan sólo eran dos amables miembros de la seguridad del zoológico que pedían nuestras entradas.
Ya dentro del más jodido zoológico que he visto en vida (era 1994) comenzó el pero de los malviajes. Si bien veníamos huyendo de la gente del metro, dentro del zoológico había el doble y un tantito más. PUTERO DE GENTE, PUTERO DE NIÑOS castrosos, un calor insoportable, y para colmo de males NINGUN PUTO ANIMAL ESTABA A LA VISTA. Aunque para ese entonces, eso ya era lo de menos. Pues mi atención se centro en la fotos de los supuestos animales que ahí habitaban, yo los veía con más vida en las fotos que ahí tirados hambrientos y bien madreados. INCLUSIVE LLEGUE A VER COMO SE MOVIA EL OSO PANDA DISEQUEADO QUE TENIAN EN EXPOSICIÓN.
Sin embargo poco a poco los niños, con su inocente rostro pintado de mariposita, leoncito, de oso panda y de muy malos intentos de foquita, y su alocado intento de imitar sonidos de animales salvajes, generaron dentro de nosotros un terror intenso (o lo mejor era asco aún no lo se bien) pues no había poder que los hiciese callarse y desparecer, se convirtieron en nuestros cazadores. A cualquier lado que volteábamos ahí estaban. Sus grandes SONRISAS, SUS OJOS DESORBITADOS y sus bocas babeantes nos obligaron a salir huyendo del zoo. El águila en mi ser me pedía salir de ahí, y hacia allá nos dirigíamos no sin antes despedirnos del hipopótamo, el cual con un bostezo descomunal nos dejo ver su enorme hocico rosa, esa imagen fue lo único bueno del maldito zoo. Pues como bien dije arriba, no pude ver ningún animal más. A luz de los años pienso que tal vez los animales no salían por el miedo de ver tanta gente mierdera tratando de imitar sus sonidos. O porque a lo mejor también tenían una águila a dentro y no querían sufrir un MALVIAJE COMO EL NUESTRO.
MORALEJA: nunca visites el zoológico Chapultepec hasta la madre de LSD y mucho menos en sábadooooo.

PD. Y falta el regreso a casa, pero ése, es otro VIAJEEEEEEE.

UNAS ÁGUILAS EN CHAPULTEPEC.

Tan sólo alcanzamos a juntar 250 pesos entre los tres: Salvador, José y yo. ¿Que podíamos hacer con ese dinero un sábado que pintaba para ser muy aburrido? Tal parece que los tres pensamos lo mismo: ¡vamos a ver si nos venden unos aceites!, así fue como comenzó una de las aventuras más POCAMADRE con LSD que he tenido.
Salimos aproximadamente de nuestros hogares a eso de las 10 de la mañana, pero era tal nuestra desconfianza en conseguir los preciados aceites que partimos como si fuésemos a comparar tortillas para el desayuno, es decir, solamente con el dinero. Esto se debía a dos razones: el dealer no nos conocía y nuestro único conecte se encontraba volando hacia al vecino país del norte para vivir algunas experiencias como migrante. Una vez que llegamos al lugar indicado, mandamos a la misión a nuestro más aguerrido militante: Salvador, quien sin protestar enfilo hacia el puesto de comic´s del bazar perinorte en CD. Satélite en busca del “buenodelosajos”, mientras que José y yo nos quedamos viendo actuar a nuestro ducho amigo. La espera no fue larga, lo cual en un primer instante nos hizo pensar que la misión había fracaso, sin embargo la gran sonrisa de Sal nos indicaba lo contrario.
- ¡ya esta, no hubo ningún pedo!, sólo dije que era amigo de Mac´lon y he aquí tres lindas águilas. Dijo Salvador mostrando un tarjetita de béisbol con tres pequeños cuadrados adornados con una aguilita negra en el centro.
Para las 11 de la mañana de aquel sábado, tres jóvenes de 16 y 17 años teníamos en nuestro poder tres poderosas águilas y también una gran incertidumbre, pues ahora no sabíamos a donde ir para metérnoslos y tener un buen trip. La primera opción fue regresar a nuestros terrenos y subir al cerro para estar en contacto con la naturaleza. A la luz de los años (12 años ya de esta experiencia) esta parece ser una muy buena idea. Pero NOOOOOOOOO, ni madres, tenía que surgir otra idea, la cual a la luz del tiempo resulto ser la peor.
- mejor vamos al zoológico de Chapultepec ¡a ver A LOS ANIMALES!, fueron las palabras dichas por el más pendejo de los tres: YOOOOOOO.
Yo era el más morro de los tres y el de menos experiencia con los aceites, pues sólo me había metido puras mitades y de puro aceite bien hechizo. Acepto que mi idea fue la más pendeja, sin embargo, y para mi sorpresa (aún hasta la fecha), fue bien recibida por José y Salvador. Total ya estamos a la mitad del camino del zoológico.
Así, una vez arriba del microbús que nos llevaría al metro Toreo comenzó la repartición de las águilas. Salvador puso sobre la palma de la mano derecha de José su respectivo papelito. Él lo observo detenidamente por unos instantes, para después llevárselo a la boca y posteriormente bajo la lengua. Lo mismo hice yo, solamente que más deprisa. Por último, Salvador antes de repetir nuestro actuar dijo: OJALA Y ESTAS AGULAS SI NOS PONGAN A VOLAR. Cuarenta y cinco minutos después y a punto de ingresar al metro ya los tres sentíamos los primero efectos de las águilas: las manos sudadas, una pequeña euforia, y nuestra dilatadísima pupila.
Una tremenda alegría nos brotaba por los poros de todo nuestro ser. Por ejemplo, la leyenda de los boletos del metro de “vale un viaje” nos causaba gran hilaridad. Poco a poco el prendidon fue a más, comenzamos a clavarnos en los anuncios que hay dentro de los vagones. Recuerdo sobre todo uno de nescafé, donde estaba una tacita blanca con café humeante en un fondo rojo y café. Fue tanta mi atención que puse en aquel anuncio que claramente observaba que la esa mona tacita de salía del anuncio para acercarse a mi. Era tal mi asombro, pues ningún aceite me había provocado tal efecto por hechizos, que se lo grite a José y a todos los pasajeros del metro. Pero José en lugar de tranquilizarme, NOOOOO el muy maje se clavo en mi viaje y dijo “si es cierto no mames” y ya para rematar, Salvador incluso quería agarrar la tacita de café humeante. NOS CAGABAMOS DE LA RISA, hasta que sentimos que los pasajeros de nuestro alrededor comenzaban a formar una circulo en torno a nosotros. Nos miraban con cierto dejo de MIEDO Y DESCONFIANZA. Esas malditas miradas fueron las causantes del primer malviaje, poco a poco nuestras risas se fueron transformando en silencio mientras que nuestros ojos ávidos de alucines visuales se limitaron a ver el oscuro túnel del metro.
Cuando por fin llegamos a nuestro destino, salimos corriendo del metro, si bien cierto que cuando entramos nos inundaba la alegría, cuando salimos éramos presas de un miedo hacia toda esa cantidad de gente. Caminamos lo más aprisa posible sin mirar a las personas. Sólo queríamos salir de ahí a como diera lugar. Cuando por fin lo logramos paramos a respirar y tratar de clamarnos un poco, pues para ese entonces el prendidon esta en su punto. Una vez repuestos del viaje en metro enfilamos hacia nuestro destino el ZOOLÓGICO. Nuestros ojos se detenían en los rehiletes, los globos, en los niños con su rostro pintado de mariposas, en un sin fin de madres coloridas. Nuevamente la alegría nos invadía y caminamos sin pedo alguno, hasta cuando dos hombres vestidos de pantalón azul marino, camisa blanca y gorrita policial nos cerraron el paso a unos metros de la entrada del zoológico. Nuestra respuesta fue tan espontánea como la llegada de estos seres uniformados. LEVATAMOS LAS MANOS SOBRE NUESTRAS CABEZASY SEPRAMOS LAS PEIRNAS, nos creímos torcidos por la tira, ya imaginaba yo al MP diciéndole a mis padres “detuvimos a su hijo en Chapultepec HASTA MADRE DE LSD. Pero por suerte no fue así, tan sólo eran dos amables miembros de la seguridad del zoológico que pedían nuestras entradas.
Ya dentro del más jodido zoológico que he visto en vida (era 1994) comenzó el pero de los malviajes. Si bien veníamos huyendo de la gente del metro, dentro del zoológico había el doble y un tantito más. PUTERO DE GENTE, PUTERO DE NIÑOS castrosos, un calor insoportable, y para colmo de males NINGUN PUTO ANIMAL ESTABA A LA VISTA. Aunque para ese entonces, eso ya era lo de menos. Pues mi atención se centro en la fotos de los supuestos animales que ahí habitaban, yo los veía con más vida en las fotos que ahí tirados hambrientos y bien madreados. INCLUSIVE LLEGUE A VER COMO SE MOVIA EL OSO PANDA DISEQUEADO QUE TENIAN EN EXPOSICIÓN.
Sin embargo poco a poco los niños, con su inocente rostro pintado de mariposita, leoncito, de oso panda y de muy malos intentos de foquita, y su alocado intento de imitar sonidos de animales salvajes, generaron dentro de nosotros un terror intenso (o lo mejor era asco aún no lo se bien) pues no había poder que los hiciese callarse y desparecer, se convirtieron en nuestros cazadores. A cualquier lado que volteábamos ahí estaban. Sus grandes SONRISAS, SUS OJOS DESORBITADOS y sus bocas babeantes nos obligaron a salir huyendo del zoo. El águila en mi ser me pedía salir de ahí, y hacia allá nos dirigíamos no sin antes despedirnos del hipopótamo, el cual con un bostezo descomunal nos dejo ver su enorme hocico rosa, esa imagen fue lo único bueno del maldito zoo. Pues como bien dije arriba, no pude ver ningún animal más. A luz de los años pienso que tal vez los animales no salían por el miedo de ver tanta gente mierdera tratando de imitar sus sonidos. O porque a lo mejor también tenían una águila a dentro y no querían sufrir un MALVIAJE COMO EL NUESTRO.
MORALEJA: nunca visites el zoológico Chapultepec hasta la madre de LSD y mucho menos en sábadooooo.

PD. Y falta el regreso a casa, pero ése, es otro VIAJEEEEEEE.

Tuesday, October 24, 2006

UNAS ÁGUILAS EN CHAPULTEPEC.

Tan sólo alcanzamos a juntar 250 pesos entre los tres: Salvador, José y yo. ¿Que podíamos hacer con ese dinero un sábado que pintaba para ser muy aburrido? Tal parece que los tres pensamos lo mismo: ¡vamos a ver si nos venden unos aceites!, así fue como comenzó una de las aventuras más POCAMADRE con LSD que he tenido.
Salimos aproximadamente de nuestros hogares a eso de las 10 de la mañana, pero era tal nuestra desconfianza en conseguir los preciados aceites que partimos como si fuésemos a comparar tortillas para el desayuno, es decir, solamente con el dinero. Esto se debía a dos razones: el dealer no nos conocía y nuestro único conecte se encontraba volando hacia al vecino país del norte para vivir algunas experiencias como migrante. Una vez que llegamos al lugar indicado, mandamos a la misión a nuestro más aguerrido militante: Salvador, quien sin protestar enfilo hacia el puesto de comic´s del bazar perinorte en CD. Satélite en busca del “buenodelosajos”, mientras que José y yo nos quedamos viendo actuar a nuestro ducho amigo. La espera no fue larga, lo cual en un primer instante nos hizo pensar que la misión había fracaso, sin embargo la gran sonrisa de Sal nos indicaba lo contrario.
- ¡ya esta, no hubo ningún pedo!, sólo dije que era amigo de Mac´lon y he aquí tres lindas águilas. Dijo Salvador mostrando un tarjetita de béisbol con tres pequeños cuadrados adornados con una aguilita negra en el centro.
Para las 11 de la mañana de aquel sábado, tres jóvenes de 16 y 17 años teníamos en nuestro poder tres poderosas águilas y también una gran incertidumbre, pues ahora no sabíamos a donde ir para metérnoslos y tener un buen trip. La primera opción fue regresar a nuestros terrenos y subir al cerro para estar en contacto con la naturaleza. A la luz de los años (12 años ya de esta experiencia) esta parece ser una muy buena idea. Pero NOOOOOOOOO, ni madres, tenía que surgir otra idea, la cual a la luz del tiempo resulto ser la peor.
- mejor vamos al zoológico de Chapultepec ¡a ver A LOS ANIMALES!, fueron las palabras dichas por el más pendejo de los tres: YOOOOOOO.
Yo era el más morro de los tres y el de menos experiencia con los aceites, pues sólo me había metido puras mitades y de puro aceite bien hechizo. Acepto que mi idea fue la más pendeja, sin embargo, y para mi sorpresa (aún hasta la fecha), fue bien recibida por José y Salvador. Total ya estamos a la mitad del camino del zoológico.
Así, una vez arriba del microbús que nos llevaría al metro Toreo comenzó la repartición de las águilas. Salvador puso sobre la palma de la mano derecha de José su respectivo papelito. Él lo observo detenidamente por unos instantes, para después llevárselo a la boca y posteriormente bajo la lengua. Lo mismo hice yo, solamente que más deprisa. Por último, Salvador antes de repetir nuestro actuar dijo: OJALA Y ESTAS AGULAS SI NOS PONGAN A VOLAR. Cuarenta y cinco minutos después y a punto de ingresar al metro ya los tres sentíamos los primero efectos de las águilas: las manos sudadas, una pequeña euforia, y nuestra dilatadísima pupila.
Una tremenda alegría nos brotaba por los poros de todo nuestro ser. Por ejemplo, la leyenda de los boletos del metro de “vale un viaje” nos causaba gran hilaridad. Poco a poco el prendidon fue a más, comenzamos a clavarnos en los anuncios que hay dentro de los vagones. Recuerdo sobre todo uno de nescafé, donde estaba una tacita blanca con café humeante en un fondo rojo y café. Fue tanta mi atención que puse en aquel anuncio que claramente observaba que la esa mona tacita de salía del anuncio para acercarse a mi. Era tal mi asombro, pues ningún aceite me había provocado tal efecto por hechizos, que se lo grite a José y a todos los pasajeros del metro. Pero José en lugar de tranquilizarme, NOOOOO el muy maje se clavo en mi viaje y dijo “si es cierto no mames” y ya para rematar, Salvador incluso quería agarrar la tacita de café humeante. NOS CAGABAMOS DE LA RISA, hasta que sentimos que los pasajeros de nuestro alrededor comenzaban a formar una circulo en torno a nosotros. Nos miraban con cierto dejo de MIEDO Y DESCONFIANZA. Esas malditas miradas fueron las causantes del primer malviaje, poco a poco nuestras risas se fueron transformando en silencio mientras que nuestros ojos ávidos de alucines visuales se limitaron a ver el oscuro túnel del metro.
Cuando por fin llegamos a nuestro destino, salimos corriendo del metro, si bien cierto que cuando entramos nos inundaba la alegría, cuando salimos éramos presas de un miedo hacia toda esa cantidad de gente. Caminamos lo más aprisa posible sin mirar a las personas. Sólo queríamos salir de ahí a como diera lugar. Cuando por fin lo logramos paramos a respirar y tratar de clamarnos un poco, pues para ese entonces el prendidon esta en su punto. Una vez repuestos del viaje en metro enfilamos hacia nuestro destino el ZOOLÓGICO. Nuestros ojos se detenían en los rehiletes, los globos, en los niños con su rostro pintado de mariposas, en un sin fin de madres coloridas. Nuevamente la alegría nos invadía y caminamos sin pedo alguno, hasta cuando dos hombres vestidos de pantalón azul marino, camisa blanca y gorrita policial nos cerraron el paso a unos metros de la entrada del zoológico. Nuestra respuesta fue tan espontánea como la llegada de estos seres uniformados. LEVATAMOS LAS MANOS SOBRE NUESTRAS CABEZASY SEPRAMOS LAS PEIRNAS, nos creímos torcidos por la tira, ya imaginaba yo al MP diciéndole a mis padres “detuvimos a su hijo en Chapultepec HASTA MADRE DE LSD. Pero por suerte no fue así, tan sólo eran dos amables miembros de la seguridad del zoológico que pedían nuestras entradas.
Ya dentro del más jodido zoológico que he visto en vida (era 1994) comenzó el pero de los malviajes. Si bien veníamos huyendo de la gente del metro, dentro del zoológico había el doble y un tantito más. PUTERO DE GENTE, PUTERO DE NIÑOS castrosos, un calor insoportable, y para colmo de males NINGUN PUTO ANIMAL ESTABA A LA VISTA. Aunque para ese entonces ya era lo de menos. Pues mi atención se centro en la fotos de los supuestos animales que ahí habitaban, yo los veía con más vida en las fotos que ahí tirados hambrientos y bien madreados. INCLUSIVE LLEGUE A VER COMO SE MOVIA EL OSO PANDA DISEQUEADO QUE TENIAN EN EXPOSICIÓN.
Sin embargo poco a poco los niños intentado imitar sonidos de animales, y sus vocecitas cagantes comenzaron a generar una irritación en mi ser, la cual muy pronto paso a ser miedo ante tanta gente de mierda. El águila en mi ser me pedía salir de ahí, y hacia allá nos dirigíamos no sin antes despedirnos del hipopótamo, el cual con un bostezo descomunal dejo ver su enorme hocico rosa, esa imagen fue lo único bueno del maldito zoo. Pues como bien dije arriba, no pude ver ningún animal más. A luz de los años pienso que tal vez los animales no salían por el miedo de ver tanta gente mierdera tratando de imitar sus sonidos. O porque a lo mejor también tenían una águila a dentro y no querían sufrir un MALVIEJE COMO EL NUESTRO.
MORALEJA: nunca visites el zoológico Chapultepec hasta la madre de LSD.

PD. Y falta el regreso a casa uyyyyyyyyyyyyyyyyyyy.




UNAS ÁGUILAS EN CHAPULTEPEC.

Tan sólo alcanzamos a juntar 250 pesos entre los tres: Salvador, José y yo. ¿Que podíamos hacer con ese dinero un sábado que pintaba para ser muy aburrido? Tal parece que los tres pensamos lo mismo: ¡vamos a ver si nos venden unos aceites!, así fue como comenzó una de las aventuras más POCAMADRE con LSD que he tenido.
Salimos aproximadamente de nuestros hogares a eso de las 10 de la mañana, pero era tal nuestra desconfianza en conseguir los preciados aceites que partimos como si fuésemos a comparar tortillas para el desayuno, es decir, solamente con el dinero. Esto se debía a dos razones: el dealer no nos conocía y nuestro único conecte se encontraba volando hacia al vecino país del norte para vivir algunas experiencias como migrante. Una vez que llegamos al lugar indicado, mandamos a la misión a nuestro más aguerrido militante: Salvador, quien sin protestar enfilo hacia el puesto de comic´s del bazar perinorte en CD. Satélite en busca del “buenodelosajos”, mientras que José y yo nos quedamos viendo actuar a nuestro ducho amigo. La espera no fue larga, lo cual en un primer instante nos hizo pensar que la misión había fracaso, sin embargo la gran sonrisa de Sal nos indicaba lo contrario.
- ¡ya esta, no hubo ningún pedo!, sólo dije que era amigo de Mac´lon y he aquí tres lindas águilas. Dijo Salvador mostrando un tarjetita de béisbol con tres pequeños cuadrados adornados con una aguilita negra en el centro.
Para las 11 de la mañana de aquel sábado, tres jóvenes de 16 y 17 años teníamos en nuestro poder tres poderosas águilas y también una gran incertidumbre, pues ahora no sabíamos a donde ir para metérnoslos y tener un buen trip. La primera opción fue regresar a nuestros terrenos y subir al cerro para estar en contacto con la naturaleza. A la luz de los años (12 años ya de esta experiencia) esta parece ser una muy buena idea. Pero NOOOOOOOOO, ni madres, tenía que surgir otra idea, la cual a la luz del tiempo resulto ser la peor.
- mejor vamos al zoológico de Chapultepec ¡a ver A LOS ANIMALES!, fueron las palabras dichas por el más pendejo de los tres: YOOOOOOO.
Yo era el más morro de los tres y el de menos experiencia con los aceites, pues sólo me había metido puras mitades y de puro aceite bien hechizo. Acepto que mi idea fue la más pendeja, sin embargo, y para mi sorpresa (aún hasta la fecha), fue bien recibida por José y Salvador. Total ya estamos a la mitad del camino del zoológico.
Así, una vez arriba del microbús que nos llevaría al metro Toreo comenzó la repartición de las águilas. Salvador puso sobre la palma de la mano derecha de José su respectivo papelito. Él lo observo detenidamente por unos instantes, para después llevárselo a la boca y posteriormente bajo la lengua. Lo mismo hice yo, solamente que más deprisa. Por último, Salvador antes de repetir nuestro actuar dijo: OJALA Y ESTAS AGULAS SI NOS PONGAN A VOLAR. Cuarenta y cinco minutos después y a punto de ingresar al metro ya los tres sentíamos los primero efectos de las águilas: las manos sudadas, una pequeña euforia, y nuestra dilatadísima pupila.
Una tremenda alegría nos brotaba por los poros de todo nuestro ser. Por ejemplo, la leyenda de los boletos del metro de “vale un viaje” nos causaba gran hilaridad. Poco a poco el prendidon fue a más, comenzamos a clavarnos en los anuncios que hay dentro de los vagones. Recuerdo sobre todo uno de nescafé, donde estaba una tacita blanca con café humeante en un fondo rojo y café. Fue tanta mi atención que puse en aquel anuncio que claramente observaba que la esa mona tacita de salía del anuncio para acercarse a mi. Era tal mi asombro, pues ningún aceite me había provocado tal efecto por hechizos, que se lo grite a José y a todos los pasajeros del metro. Pero José en lugar de tranquilizarme, NOOOOO el muy maje se clavo en mi viaje y dijo “si es cierto no mames” y ya para rematar, Salvador incluso quería agarrar la tacita de café humeante. NOS CAGABAMOS DE LA RISA, hasta que sentimos que los pasajeros de nuestro alrededor comenzaban a formar una circulo en torno a nosotros. Nos miraban con cierto dejo de MIEDO Y DESCONFIANZA. Esas malditas miradas fueron las causantes del primer malviaje, poco a poco nuestras risas se fueron transformando en silencio mientras que nuestros ojos ávidos de alucines visuales se limitaron a ver el oscuro túnel del metro.
Cuando por fin llegamos a nuestro destino, salimos corriendo del metro, si bien cierto que cuando entramos nos inundaba la alegría, cuando salimos éramos presas de un miedo hacia toda esa cantidad de gente. Caminamos lo más aprisa posible sin mirar a las personas. Sólo queríamos salir de ahí a como diera lugar. Cuando por fin lo logramos paramos a respirar y tratar de clamarnos un poco, pues para ese entonces el prendidon esta en su punto. Una vez repuestos del viaje en metro enfilamos hacia nuestro destino el ZOOLÓGICO. Nuestros ojos se detenían en los rehiletes, los globos, en los niños con su rostro pintado de mariposas, en un sin fin de madres coloridas. Nuevamente la alegría nos invadía y caminamos sin pedo alguno, hasta cuando dos hombres vestidos de pantalón azul marino, camisa blanca y gorrita policial nos cerraron el paso a unos metros de la entrada del zoológico. Nuestra respuesta fue tan espontánea como la llegada de estos seres uniformados. LEVATAMOS LAS MANOS SOBRE NUESTRAS CABEZASY SEPRAMOS LAS PEIRNAS, nos creímos torcidos por la tira, ya imaginaba yo al MP diciéndole a mis padres “detuvimos a su hijo en Chapultepec HASTA MADRE DE LSD. Pero por suerte no fue así, tan sólo eran dos amables miembros de la seguridad del zoológico que pedían nuestras entradas.
Ya dentro del más jodido zoológico que he visto en vida (era 1994) comenzó el pero de los malviajes. Si bien veníamos huyendo de la gente del metro, dentro del zoológico había el doble y un tantito más. PUTERO DE GENTE, PUTERO DE NIÑOS castrosos, un calor insoportable, y para colmo de males NINGUN PUTO ANIMAL ESTABA A LA VISTA. Aunque para ese entonces ya era lo de menos. Pues mi atención se centro en la fotos de los supuestos animales que ahí habitaban, yo los veía con más vida en las fotos que ahí tirados hambrientos y bien madreados. INCLUSIVE LLEGUE A VER COMO SE MOVIA EL OSO PANDA DISEQUEADO QUE TENIAN EN EXPOSICIÓN.
Sin embargo poco a poco los niños intentado imitar sonidos de animales, y sus vocecitas cagantes comenzaron a generar una irritación en mi ser, la cual muy pronto paso a ser miedo ante tanta gente de mierda. El águila en mi ser me pedía salir de ahí, y hacia allá nos dirigíamos no sin antes despedirnos del hipopótamo, el cual con un bostezo descomunal dejo ver su enorme hocico rosa, esa imagen fue lo único bueno del maldito zoo. Pues como bien dije arriba, no pude ver ningún animal más. A luz de los años pienso que tal vez los animales no salían por el miedo de ver tanta gente mierdera tratando de imitar sus sonidos. O porque a lo mejor también tenían una águila a dentro y no querían sufrir un MALVIEJE COMO EL NUESTRO.
MORALEJA: nunca visites el zoológico Chapultepec hasta la madre de LSD.

PD. Y falta el regreso a casa uyyyyyyyyyyyyyyyyyyy.

Friday, October 20, 2006

EL SINDROME BUKO 666
http://www.youtube.com/watch?v=3uEO01NZMuM